Querido D:
Me voy. Lo decidí esta tarde, cuando leyendo en el parque, vi como el viento le arrebataba las hojas a mi árbol favorito dejándolo desnudo e indefenso. Entonces supe que la llegada del otoño era inminente y me sentí desnuda también.
Vos que me sabes tanto, adivinarás que además de mujer y niña, en algún lugar también soy pájaro y que como tal, debo cultivar mis alas y no dejar que el viento las destruya.
Por eso me voy y te escribo esto para que la despedida te encuentre con más alivio que pena; ya no vas a tener que hacerte cargo de mi exceso de lenguaje, ni de mis arrebatos contra el cuerpo. Ahora sos libre de quererte de la misma forma y con la misma intensidad con la que depositaste en mí tus ideales perdidos.
Juro que hice lo posible para quedarme, pero a cada intento fallido de anclar el deseo a la voluntad, le puse el nombre de angustia y para no sentirme tan mal, a la angustia le puse el nombre de cambio, de crisis de crecimiento, de expansión. Y sin darme cuenta rebauticé también la libertad y la convertí en límite, en inacción, en quietud.
Ya no puedo controlar la brutalidad con la que mis pensamientos irrumpen en mis actos, ni callar esa multiplicidad de voces que son mi voz única y perdida. Espero que entiendas que no puedo evadir más la tarea de salir a buscarla.
A noche no podía dormir y me dediqué a escribir largas horas. Al fin y al cabo, mi finitud no me asusta tanto como mi existencia y si escribo, no es para perpetuarme ni trascender, si no para recordarme en lo cotidiano. Para probar que los días son más que una serie de rituales reiterativos; Un goteo de atardeceres. Largar el humo y guardar las lágrimas. Abrir siempre los mismos libros. Cerrar siempre las mismas puertas.
En el fondo, la tristeza en mí es solo una jaula vacía. Sin sorpresas ni causas. Y si la conozco de cerca es porque nunca me faltó lo suficiente.
Mañana me voy y al fin el vacío va a llevar tu nombre y voy a ser mártir de tu causa inútil.
Me llevo en la billetera una foto tuya, la del verano en el sur, donde tu cara es pura liviandad, para nunca dejar de sentir tu peso.
Te suelto con amor.
J.





