miércoles, 16 de septiembre de 2015

Querido D:
Me voy. Lo decidí esta tarde, cuando leyendo en el parque, vi como el viento le arrebataba las hojas a mi árbol favorito dejándolo desnudo e indefenso. Entonces supe que la llegada del otoño era inminente y me sentí desnuda también.
Vos que me sabes tanto, adivinarás que además de mujer y niña, en algún lugar también soy pájaro y que como tal, debo cultivar mis alas y no dejar que el viento las destruya.
Por eso me voy y te escribo esto para que la despedida te encuentre con más alivio que pena; ya no vas a tener que hacerte cargo de mi exceso de lenguaje, ni de mis arrebatos contra el cuerpo. Ahora sos libre de quererte de la misma forma y con la misma intensidad con la que depositaste en mí tus ideales perdidos.
Juro que hice lo posible para quedarme, pero a cada intento fallido de anclar el deseo a la voluntad, le puse el nombre de angustia y para no sentirme tan mal, a la angustia le puse el nombre de cambio, de crisis de crecimiento, de expansión. Y sin darme cuenta rebauticé también la libertad y la convertí en límite, en inacción, en quietud.
Ya no puedo controlar la brutalidad con la que mis pensamientos irrumpen en mis actos, ni callar esa multiplicidad de voces que son mi voz única y perdida. Espero que entiendas que no puedo evadir más la tarea de salir a buscarla.
A noche no podía dormir y me dediqué a escribir largas horas. Al fin y al cabo, mi finitud no me asusta tanto como mi existencia y si escribo, no es para perpetuarme ni trascender, si no para recordarme en lo cotidiano. Para probar que los días son más que una serie de rituales reiterativos; Un goteo de atardeceres. Largar el humo y guardar las lágrimas. Abrir siempre los mismos libros. Cerrar siempre las mismas puertas.
En el fondo, la tristeza en mí es solo una jaula vacía. Sin sorpresas ni causas. Y si la conozco de cerca es porque nunca me faltó lo suficiente.
Mañana me voy y al fin el vacío va a llevar tu nombre y voy a ser mártir de tu causa inútil.
Me llevo en la billetera una foto tuya, la del verano en el sur, donde tu cara es pura liviandad, para nunca dejar de sentir tu peso.
Te suelto con amor.
J.

martes, 8 de septiembre de 2015


me alejo de a poco 
y a cada paso 
te dejo las huellas 

quizá algún día 
cuando toques otra canción 
y me pienses 

el recuerdo sea
tan solo un profundo
pestañear en tu historia
te alejás de a poco
y a cada paso 
me devolvés tus miedos

quizá algún día
cuando baile otra canción
y te piense

el recuerdo sea
tan solo una excusa
para volver a pestañar

lunes, 7 de septiembre de 2015

ese lugar desierto en mí
inhabitable
nace en el mismo lugar
donde muere la poesía
es un laberinto espejado
que solo refleja
la cicatriz entumecida
la falta de sed
entones el camino es
dejar de evadir la crudeza
para poder reinventarla
apropiarme
incluso de aquello
que no me pertenece
si tan solo pudiera entregarme
a la belleza indescifrable del azar
con la inocencia
de quien ignora el tiempo
con esas ansias
de ser atravesada por el mundo
de re dibujar los límites
trazados por lo ajeno
naufragando en sueños
corroídos por la lucidez
si me despojara
de todo prejuicio
que inventé en nombre del miedo
podría entonces
empezar a morirme de vida
poco a poco
cada día
habitar el desierto
liberar la poesía

miércoles, 2 de septiembre de 2015

no supe cómo
evitar desarmarme
cuando me dijiste
que pronto
tendrías que irte
por la misma puerta
por la que acababas de llegar

no encontré
en el idioma
el artificio necesario
para mostrarte la herida

entonces dejé
que mi cuerpo
se aferrara al tuyo
con la urgencia
de lo que se desvanece

con la dulzura 
de todo aquello
que espera
su momento
para brillar

jueves, 27 de agosto de 2015

por favor
te pido
perdoná mis juegos infantiles
es que en el fondo soy
tan solo una niña
que tiene miedo
tanto miedo
que no sé como mirarte a los ojos
y pedirte que me quieras
entonces creo mi propia ficción
para tenerte
al menos un rato
formando parte de mi película
distante
casi como de fondo
pero siempre
siempre
en primer plano

martes, 18 de agosto de 2015

Esta soy

esta soy
cuando el duelo cotidiano 
se instala en las noches
y me pongo a buscar 
esas preguntas 
que no tienen respuestas
me hundo en libros, películas y poemas
y empiezo a bailar
a despertar al cuerpo
abro el cuaderno
desato los nudos
me rompo los huesos
y pienso qué más da
que las horas pasen
mientras yo permanezca
en el instante mágico de la entrega
qué más da que el sol
me encuentre jugando
respirando las breves
pausas
de libertad

miércoles, 12 de agosto de 2015

Salir al balcón en las horas mudas
a mechar las flores
a exhalar el humo
el insistente ritual
de prenderme fuego lo interno
Todavía no entendí como se crece
sin perderlo todo
ni como anclar el deseo
en algún puerto seguro
para desprender así
el instante intermiable de la espera
y poder al fin salir a buscar

miércoles, 5 de agosto de 2015

Quiero que la lluvia nos encuentre así
desordenando las sábanas
bailándole a la vida

Quiero anclarme en tus horas
hacerte un lugarcito en lo más íntimo
mostrarte el mundo a través de mi espejo
y aprender a verlo a través del tuyo

Quiero el tacto de tus manos infinitas
y es que ahí
donde soy pura palabra
vos me recordás el cuerpo
 

domingo, 2 de agosto de 2015

Así me hablé, Zaratustra

podría irme a dormir
o animarme a la noche
podría llegar
o declarar al camino infinito
y a mí misma
hija irrevocable del devenir
quiero decir
si podría amigarme con lo que es
Y no puede
ni quiere
dejar de ser
podría entonces elegir
una y mil veces
cada uno de los instantes
me adentraría en la vida
sin miedo a la oscuridad 
(al vacío más vital)
y el deseo
anclado a las ganas
ya no habría sueños
sin no metas
al fin; podría

viernes, 10 de julio de 2015



Y ahí estaba yo
sentada
al borde de lo inmenso
de cara al horizonte
hundiendo los pies en la tibieza de la arena
en el preciso momento en el que la última gota de luz
teñía el mar de un gris tan irrepetible
que quise tatuarlo en el recuerdo
y entonces pensé
que tal vez
al menos por un rato
podía declararme feliz

martes, 23 de junio de 2015

La caída inevitable

Aquel invierno cálido que pasamos acribillados de sentido, el tiempo se escurría como las sábanas entre los dedos de tus pies cada vez que los contrarías al ritmo de mi tacto. Y es que la joda empezaba ahí, en ese preciso momento en el que vos eras puro cuerpo y yo un mero abrigo.
Así aprendimos a ser juntos, en el exceso y sus rincones paradisíacos.
La palabra era inútil ya, inhabitable, pero insistíamos en decir las cosas, en nombrarlo todo, en no dejar espacios vacíos. Nos aturdíamos con un lenguaje ficticio, absurdo, con tal de poder ignorar nuestros propios silencios.
En definitiva, mejor echémosle la culpa del tiempo y a su maldita costumbre de apurarnos al caminar, entonces tropezábamos y la caída inevitable. Éramos empujados por la pura inercia de querer dejar de existir al menos un rato, de volver a ese lugar mágico llamado lo absoluto.
Vivíamos con la conciencia plena de sabernos fugaces para el otro, como orgullosos de nuestra propia muerte.
En esos tiempos te veía como a un felino hermoso y audaz; siempre arriba de la copa de los árboles más altos. Ahora entiendo que a pesar de todo nunca supiste como bajar.
Y si un día de estos la casualidad te lleva hasta mi esquina y en el encuentro se me olvida el idioma y en su lugar el instinto, sabrás perdonar si mi mirada se torna inciertamente obscena. Es que el pasado nunca se aleja sin dejar algunas deudas; con vos, con migo, con las causas por las que nos inmolamos en esa guerra.





Ilustración de Adara Sanchez

domingo, 7 de junio de 2015

Si las cosas fueran tan solo lo que son

En este cuaderno rojo 
las palabras se quedan atrapadas
yo intento liberarlas a través de la tinta
pero ellas se quedan ahí
mirándome
recordándome que son mías

Cuando escribo estoy creando algo
en donde antes había nada
y a pesar de todo son sentidos imposibles
como encriptados en símbolos ficticios 
torpes colaboradores en la tarea comunicar

Entonces ¿para qué perder el tiempo si no hay interlocutor posible?
escribir como quien da un paseo una tarde de domingo
es decir, la escritura inútil
escribir por el goce mismo de la tinta en el renglón

¿Acaso serán verdades inventadas
todas estas palabras
arbitrariamente estructuradas
en el espacio de éste tiempo?

A veces quisiera vaciarme de lenguaje
es decir, vivir en otra galaxia
en una comunidad de seres regidos por otras leyes
inmolados por otras causas

si tan solo pudiera despojarme de mi humanidad
si la muerte me otorgara 
un cuerpo vaciado de sentido
el goce puro

si nada pudiera ya dañar un ego ahora inexistente
y las cosas fueran tan solo lo que son
ya no tendría miedo a ser libre
y es que la paradoja se burla de mí al explicarme
que en esa búsqueda incesante de libertad
surge todo aquello que me hace humana


lunes, 18 de mayo de 2015

En algún lugar del mundo

(Forse stiamo volando ad un certo punto nella vita)

¿Alguna vez te preguntaste qué fue de aquella piba de ojos marrones qué te recordó en pocas noches la acción insensata de la entrega?
¿Esa misma que vivía al sur el mundo y soñaba con llegar a tu norte?
¿Alguna vez añoraste ese mítico balcón donde entre la hierba y las palabras  se escapaban las horas?
¿Alguna vez te invadió sin aviso el recuerdo de su culo lleno de arena y unas ganas tremendas de tocarlo te frustraron el día?
¿Recordarás aun ese paréntesis del mundo al que llamábamos paraíso?
Pienso en vos y veo a ese pájaro que me enseñó el cielo
Y trato de imaginar por dónde estarás volando ahora
¿Habrás encontrado algún puerto seguro en dónde tirar el ancla?
¿Alguna mano amiga o una cama tibia en donde soñar tranquilo?
A veces me pregunto si realmente pasó
Y pasó
Y sigue pasando todos los días en algún rincón del tiempo
¿Alguna vez te sentiste un mero prólogo?
¿o solo y sin certezas?
Te imagino inventándole excusas a la noche
Sin imaginarte que del otro lado del mapa la piba que se comía el mundo con sus ojos marrones, te está dedicando un poema
Y es que ella tiene la certeza de haberte conocido detrás de la máscara

Y es que tus alas viven indelebles en algún lugar de su piel

domingo, 15 de marzo de 2015

Tranquila nena
relajate
ya no tenés que demostrarle nada  a nadie
ahora son estas cuatro paredes que delimitan tus días 
fumate un pucho a dentro
dejá que el humo se impregne en las sábanas

Acercate a la imagen del espejo
toca tus caderas que llegaron para quedarse
reconocete en ese cuerpo sin remordimientos
dejá que tus manos te acaricien sin certezas 

Abrí un libro en la mitad de la noche
subrayá alguna frase bonita y guardala en el recuerdo
recitala cuando el azar te demande algo que no puedas darle

No le mientas al cuaderno
regalale verdades en bruto para tallarlas con paciencia
abrazate con emoción al vértigo de la hoja en blanco
no le tengas miedo al silencio
volvé a jugar como de niña
cuando la conciencia era única en el presente

Pensá en la soledad como un punto de encuentro
despojate de prejuicios contra vos
amigate con la idea del impulso
creé en esa chispa y transformala en llama 

Tranquila nena
relajate ahora y para siempre
ya no tenes que demostrarle nada a nadie
Excepto a vos misma.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Contradicciones (Porqué escuché por ahí que somos seres divididos)

Basta de tanto todo, basta de tanta nada.
Demasiados medios de comunicación, demasiado poco entendimiento.
Me quiero ir, me quiero quedar. Viajar y regresar. Quiero aparecer y decirte hola, adiós, hasta pronto, hasta nunca, que lindo volverte a ver y borrarme otra vez.
Necesito entender todo y dejar de entender tanto. Lucidez absoluta y pasión por la ignorancia.
Quiero hacer ruido y callarme, aturdirme y escucharme, escribir y tachar, empezar y dejar.
Quiero aprender y olvidarme, hacerme cargo y escaparme, pertenecer y marginarme.
Quiero sostener una estructura y derrumbarla. Quiero trascendencia y anonimato. Ser el héroe y el villano. La protagonista y la actriz de reparto.
Quiero mucha fiesta y dormir temprano, quiero amor con sexo y sexo sin amor, monogamia y promiscuidad, comer mucho y engordar poco, sobriedad, resaca, pepa, marihuana, dormir sola y acompañada.
Quiero independencia y protección. Vivir lejos y sentirme cerca.
Quiero días soleados, días lluviosos. Quiero un mar de aguas claras, místicas montañas. Quiero bailar hasta el amanecer y dormir siesta hasta el atardecer. Quiero retener todas las miradas, guardarme cada carcajada, secarme todas las lágrimas.

Quiero sentir todo y anestesiarme. Recordarme un ser deseante. Quiero hacer las cosas bien y equivocarme otra vez.  

lunes, 2 de febrero de 2015

Instantes

Siempre tuve algún vestigio de conciencia de que la felicidad y el sufrimiento no son más que eso, homólogos desencontrados en instantes tan fugaces como la vida. Momentos que pasan, que están pasando ahora, mientras me lees y aun así te olvidas mi nombre. Ese incierto goteo de amaneceres que se escapan. 
Y aun así confiaba en que podía parar el tiempo. Insistí en congelar lo efímero. Hacerlo reliquia para colgarlo de mi cuello, orgullosa de haberme apropiado de algún presente que coincidiera con el tuyo.
Pero no más aventuras me dijeron un día, es hora de crecer. Apurate que la muerte te espera. Y el miedo a la libertad se convirtió en un ancla, en un carreteo eterno.
Comencé a moverme por la pura inercia de llegar a ningún lado, conformándome tan solo con tener un vago norte que me indicara hacia donde caminar.
Colgué las alas e hice el intento de coreografiar mis días, de amoldarlos a los bastos cuadrados del calendario para abocarme a la tediosa tarea de tacharlos uno a uno como quien colecciona victorias perdidas.
Me convertí lentamente en una observadora pasiva de aquellos instantes. Los dejaba morir para que vivan más nítidos en el recuerdo. Los atesoraba en la nada misma, en historias acumuladas a los márgenes de las hojas de mi cuaderno.
El querer fue remplazado por el deber y el deseo quedó empañado por torpes fragmentos de memoria de aquellas fiestas, de todos esos atardeceres, de la forma obscena en al que tus ojos se posaban en mis piernas.
Vivir del recuerdo es la masturbación. La pasión por poseer lo imposible.
Pero una mañana de enero la alarma sonó con demasiada furia y por la tarde el sol quemó con demasiada rabia, entonces mis hombros se negaron a seguir cargando con el peso de la nostalgia. Y como por arte de magia, saqué al fin tu foto de mi billetera y destruí el calendario. Desanduve tranquila los caminos que nunca me pertenecieron y elevé el ancla del miedo. Emprendí el despegue. Sin vértigo no hay caída. Ya puedo volver a entregarme al azar con los ojos abiertos.

lunes, 19 de enero de 2015

Pasiones incluncusas


Esta noche quedé atrapada entre tu deseo y el mío. 
Casi como si el mismo fuese una metáfora encriptada en significantes no resueltos.
Me convertí, tímidamente, en la victima perfecta de tus caprichos y vos en el objeto incorruptible de la obsesión de mi cuerpo deseante. Quiero decir, en mi pasión por poseer lo imposible. 
Esa pulsión de muerte que se apodera de mi lenguaje. Lo anula, o peor, lo limita a la mera tarea de escribir obscenidades en tu nombre. De contar la demanda de amor de mi cuerpo que me habla y me impulsa a tocarme la soledad con las manos mientras tu figura incierta se dibuja incesantemente en el recuerdo.
Jugamos infinitas veces a las escondidas pero ya me cansé de buscarte y de que nunca me encuentres. 
Perdí, ya no se decir el amanecer sin recurrir a la inmunda tarea de conmemorar lo que nunca fue. De recrear meras fantasías.
Acepto la derrota humildemente y te escribo de una vez por todas para intentar encontrar un necesario punto final a este imparable vaivén de  pasiones  inconclusas

Mi vida en una caja

Me voy a vivir sola, y a pesar de haberme sumergido en un estado de negación constante, el tiempo ocupó su inevitable espacio físico y finalmente llegó. El momento de empacar mis cosas y partir.
Veinte años recopilando objetos que guardan tantas historias y que ahora quedaron reducidos a un montón de cajas apiladas. Todas iguales. Marrones, de textura áspera y decoradas con desprolijos retazos de cinta scotch. 
Mi vida en una caja, lista para ser trasladada a nueva maceta. Una más grande, para crecer con más libertad.
Todos me aconsejan que deje atrás las cosas que ya no necesito. Aquellas cuya vida útil terminó tiempo atrás. Cómo estas mostacillas por ejemplo, con las que me hacía pulseritas para mí y mis amigas en la infancia, o las cartitas de “feliz cumpleaños” del 2003, llenas de brillantina y todas esas pilas de cuadernos que siempre supe llenar.
El ser humano y su extraña costumbre de coleccionar pruebas materiales de la existencia del pasado.
¿Seguirá habiendo lugar para todo aquello o es más sabio dejar algún estante vacío para llenar de futuro?
Todos estos objetos que disparan el recuerdo e invitan a la nostalgia ahora me rodean. Quedé atrapada entre ellos y sus memorias. Tantas caras que ya no veo, voces que ya no escucho y sin embargo allí están, encerradas en pedazos de plástico, en pilas de papeles, en esas fotos de cámara analógica.
Todo lo que alguna vez fue, hoy me pide seguir siendo un rato más. Me pregunto si estaré lista para dejarlos de una vez por todas perderse en libertad. Es decir, enfrentarme al cuarto vacío, al momento culmine de cerrar esa puerta por última vez. Permitirme a mí misma soltar, tan solo para comprender que caminar liviano, es caminar mejor.

lunes, 5 de enero de 2015

Amanecer

Me pasé la noche entera buscando excusas inconclusas para mantenerme despierta hasta el amanecer.
Miré repetidas veces a través de mi ventana buscando algún vestigio del sol. Aunque sea un débil rayo que me alumbre, que me dé el indicio de que la oscuridad no será eterna.
Esperé despierta al amanecer como quien sobrevive a un derrumbe y ve entre los escombros la luz del día y comprende que está vivo. Que pronto podrá sentir la calidez del viento en su piel y recordarse nuevamente humano. Podrá respirar aliviado.
Y por fin llegó. Ya puedo ver con claridad las calles y los hechos. Ya puedo entender que así como pasó la noche, pronto pasarán los días. Cambiarán las estaciones y nosotros cambiaremos con ellas.
Sin la presencia de aquella luna, testigo de nuestro ocaso, puedo estar en paz con tu ausencia. El mundo volvió a ser un lugar tranquilo.
Vos en tu lugar, yo en el mío. No hay más nosotros. Tal vez nunca lo hubo.
Y es que tu abrazo, que mi cuerpo aún atesora en su insistente memoria y tus manos, grabadas a fuego lento en mi piel, de apoco se irán desvaneciendo, junto con el nudo en la garganta que todavía me asfixia cada vez que te escribo.
Recuerdo como te gustaban las mañanas y ahora lo entiendo. Todos lo que en la oscuridad fueron monstruos que asustaban, ahora no son más que borrosas sombras, nuestros propios fantasmas.
Ya puedo cerrar los ojos tranquila, puedo entregarme entera a los sueños, ya no para intentar escapar de ellos, si no para empezar a cumplirlos.

Confío que vos vas a hacer lo mismo, y que con calma y tiempo, en algún otro presente del futuro, vos y yo, podamos volver a ser amigos.  

domingo, 4 de enero de 2015

Irme a la mierda

Como me cuesta incursionarme en el ahora del acá.
De vuelta siento un impulso incontrolable de no hacerme cargo, de seguir escapando.
Estas ganas incesantes de irme a la mierda.
Irme para volver. Volver para irme infinitas veces.
No estar es tan fácil. Convertirme en un ser más liviano, más vacío. Fácil de cargar en la mochila junto con una foto tuya para que me recuerdes el dolor cuando la anestesia de la distancia me entumezca todas las heridas. La capacidad verdadera de sentir.
Quiero quedarme en estos puntos suspensivos del presente. En estos frágiles veinte que cargo como si la muerte no existiera.
Ya no quiero crecer, duele demasiado la renuncia constante, la angustia del cambio como posibilidad de ser libre.
Quiero irme a la mierda una y mil veces hasta perderme entre tantas caras, entre tantos ríos y montañas. Quiero desarmar mi identidad poco a poco, dejarla olvidada en la orilla de algún mar de aguas cálidas. Ir soltando mi yo lentamente, cómo quien se despide de un viejo amigo, de un compañero de viaje.
El plan es caer en el hedonismo máximo, vivir un sábado perpetuo, ceder ante mi goce de la insatisfacción para saciarlo. Para colmarme de una euforia efímera a niveles adictivos. Intentar detener el tiempo, ser una observadora pasiva de las desgracias del mundo.

Quiero irme a la mierda pero vuelvo a mirar tu foto y rápidamente entiendo que aunque me cueste, si tus ojos me lo piden, esta vez, me voy a quedar. 

jueves, 1 de enero de 2015

Presente y volver

Recuerdo una de mis tardes en el Mediterráneo, cuando nadando desnuda al atardecer, sentí el impulso casi visceral de  gritarle al mundo; ¡Esta soy yo!, pero se me entumeció la lengua y mis labios se negaron a abrirse, al descubrir que no podía concebir semejante afirmación sin recurrir a la mentira inmediata de creer saberme.
Desde ese entonces me comprometí en la tarea de buscar respuestas y en el intento, me convertí en una apasionada coleccionista de más preguntas.
Sumida en el goce de mí círculo vicioso y empujada por la angustia de la incertidumbre, me declaré una intachable militante del presente y prediqué la filosofía de vivir el instante único e irrepetible, de olvidarse que existe mañana, de evadir la noción del futuro.
Hice lo posible para procesar mis sentidos cómo si una película. En cámara lenta para que dure más, preparando todo para que la estética cuadre. Hasta puse en práctica al fin mis tácticas teatrales, para darle más dramatismo y ocupé roles distintos para experimentarlo todo. Y cuando la realidad rompía el hechizo y la tristeza asomaba, un trago por cada lágrima caída y a seguir bailando.
Retrataba en mi mente todo cómo una fotografía, en un intento fallido de congelar momentos que ya se me escapaban.
Y así me encuentro ahora, recordando esos tiempos como si el calendario se hubiese apurado. Mirándome a mí misma en retrospectiva y envidiándome un poco la capacidad que tuve de disfrutar. Pero ya no le tengo miedo al futuro. Ahora me animo a abrazarme con emoción a lo que me rodea; Un cuaderno, una ventana, una noche fría en el norte y un pasaje de avión con mi nombre para volver al calor de mi sur.  

Abismo

Todo en cuanto amamos
y ahora la nada
El humo de las flores
se disipó en el aire al ritmo de tu voz
explicándome que nunca fuimos
que ya no somos
y que nunca seremos más que esto
Un abismo
Mi mano, mientras tanto, dibujaba frenéticamente círculos en tu espalda
en un intento desesperado de construir un refugio en tu piel
para tener donde dormir segura por las noches
cuando tu lado de la cama siga tibio
y el mío sea una tumba helada
No sé qué voy a hacer con tanta sábana para desordenar
ni con las horas tristes de la madrugada tomando un whisky en la venta
Pero ya se quemaron todas las flores
no quedan ni rastros de humo
ni puedo ya escuchar tu voz dando explicaciones
Al fin y al cabo tenías razón
Entre nosotros, tan solo queda
un abismo.