lunes, 19 de enero de 2015

Pasiones incluncusas


Esta noche quedé atrapada entre tu deseo y el mío. 
Casi como si el mismo fuese una metáfora encriptada en significantes no resueltos.
Me convertí, tímidamente, en la victima perfecta de tus caprichos y vos en el objeto incorruptible de la obsesión de mi cuerpo deseante. Quiero decir, en mi pasión por poseer lo imposible. 
Esa pulsión de muerte que se apodera de mi lenguaje. Lo anula, o peor, lo limita a la mera tarea de escribir obscenidades en tu nombre. De contar la demanda de amor de mi cuerpo que me habla y me impulsa a tocarme la soledad con las manos mientras tu figura incierta se dibuja incesantemente en el recuerdo.
Jugamos infinitas veces a las escondidas pero ya me cansé de buscarte y de que nunca me encuentres. 
Perdí, ya no se decir el amanecer sin recurrir a la inmunda tarea de conmemorar lo que nunca fue. De recrear meras fantasías.
Acepto la derrota humildemente y te escribo de una vez por todas para intentar encontrar un necesario punto final a este imparable vaivén de  pasiones  inconclusas

Mi vida en una caja

Me voy a vivir sola, y a pesar de haberme sumergido en un estado de negación constante, el tiempo ocupó su inevitable espacio físico y finalmente llegó. El momento de empacar mis cosas y partir.
Veinte años recopilando objetos que guardan tantas historias y que ahora quedaron reducidos a un montón de cajas apiladas. Todas iguales. Marrones, de textura áspera y decoradas con desprolijos retazos de cinta scotch. 
Mi vida en una caja, lista para ser trasladada a nueva maceta. Una más grande, para crecer con más libertad.
Todos me aconsejan que deje atrás las cosas que ya no necesito. Aquellas cuya vida útil terminó tiempo atrás. Cómo estas mostacillas por ejemplo, con las que me hacía pulseritas para mí y mis amigas en la infancia, o las cartitas de “feliz cumpleaños” del 2003, llenas de brillantina y todas esas pilas de cuadernos que siempre supe llenar.
El ser humano y su extraña costumbre de coleccionar pruebas materiales de la existencia del pasado.
¿Seguirá habiendo lugar para todo aquello o es más sabio dejar algún estante vacío para llenar de futuro?
Todos estos objetos que disparan el recuerdo e invitan a la nostalgia ahora me rodean. Quedé atrapada entre ellos y sus memorias. Tantas caras que ya no veo, voces que ya no escucho y sin embargo allí están, encerradas en pedazos de plástico, en pilas de papeles, en esas fotos de cámara analógica.
Todo lo que alguna vez fue, hoy me pide seguir siendo un rato más. Me pregunto si estaré lista para dejarlos de una vez por todas perderse en libertad. Es decir, enfrentarme al cuarto vacío, al momento culmine de cerrar esa puerta por última vez. Permitirme a mí misma soltar, tan solo para comprender que caminar liviano, es caminar mejor.

lunes, 5 de enero de 2015

Amanecer

Me pasé la noche entera buscando excusas inconclusas para mantenerme despierta hasta el amanecer.
Miré repetidas veces a través de mi ventana buscando algún vestigio del sol. Aunque sea un débil rayo que me alumbre, que me dé el indicio de que la oscuridad no será eterna.
Esperé despierta al amanecer como quien sobrevive a un derrumbe y ve entre los escombros la luz del día y comprende que está vivo. Que pronto podrá sentir la calidez del viento en su piel y recordarse nuevamente humano. Podrá respirar aliviado.
Y por fin llegó. Ya puedo ver con claridad las calles y los hechos. Ya puedo entender que así como pasó la noche, pronto pasarán los días. Cambiarán las estaciones y nosotros cambiaremos con ellas.
Sin la presencia de aquella luna, testigo de nuestro ocaso, puedo estar en paz con tu ausencia. El mundo volvió a ser un lugar tranquilo.
Vos en tu lugar, yo en el mío. No hay más nosotros. Tal vez nunca lo hubo.
Y es que tu abrazo, que mi cuerpo aún atesora en su insistente memoria y tus manos, grabadas a fuego lento en mi piel, de apoco se irán desvaneciendo, junto con el nudo en la garganta que todavía me asfixia cada vez que te escribo.
Recuerdo como te gustaban las mañanas y ahora lo entiendo. Todos lo que en la oscuridad fueron monstruos que asustaban, ahora no son más que borrosas sombras, nuestros propios fantasmas.
Ya puedo cerrar los ojos tranquila, puedo entregarme entera a los sueños, ya no para intentar escapar de ellos, si no para empezar a cumplirlos.

Confío que vos vas a hacer lo mismo, y que con calma y tiempo, en algún otro presente del futuro, vos y yo, podamos volver a ser amigos.  

domingo, 4 de enero de 2015

Irme a la mierda

Como me cuesta incursionarme en el ahora del acá.
De vuelta siento un impulso incontrolable de no hacerme cargo, de seguir escapando.
Estas ganas incesantes de irme a la mierda.
Irme para volver. Volver para irme infinitas veces.
No estar es tan fácil. Convertirme en un ser más liviano, más vacío. Fácil de cargar en la mochila junto con una foto tuya para que me recuerdes el dolor cuando la anestesia de la distancia me entumezca todas las heridas. La capacidad verdadera de sentir.
Quiero quedarme en estos puntos suspensivos del presente. En estos frágiles veinte que cargo como si la muerte no existiera.
Ya no quiero crecer, duele demasiado la renuncia constante, la angustia del cambio como posibilidad de ser libre.
Quiero irme a la mierda una y mil veces hasta perderme entre tantas caras, entre tantos ríos y montañas. Quiero desarmar mi identidad poco a poco, dejarla olvidada en la orilla de algún mar de aguas cálidas. Ir soltando mi yo lentamente, cómo quien se despide de un viejo amigo, de un compañero de viaje.
El plan es caer en el hedonismo máximo, vivir un sábado perpetuo, ceder ante mi goce de la insatisfacción para saciarlo. Para colmarme de una euforia efímera a niveles adictivos. Intentar detener el tiempo, ser una observadora pasiva de las desgracias del mundo.

Quiero irme a la mierda pero vuelvo a mirar tu foto y rápidamente entiendo que aunque me cueste, si tus ojos me lo piden, esta vez, me voy a quedar. 

jueves, 1 de enero de 2015

Presente y volver

Recuerdo una de mis tardes en el Mediterráneo, cuando nadando desnuda al atardecer, sentí el impulso casi visceral de  gritarle al mundo; ¡Esta soy yo!, pero se me entumeció la lengua y mis labios se negaron a abrirse, al descubrir que no podía concebir semejante afirmación sin recurrir a la mentira inmediata de creer saberme.
Desde ese entonces me comprometí en la tarea de buscar respuestas y en el intento, me convertí en una apasionada coleccionista de más preguntas.
Sumida en el goce de mí círculo vicioso y empujada por la angustia de la incertidumbre, me declaré una intachable militante del presente y prediqué la filosofía de vivir el instante único e irrepetible, de olvidarse que existe mañana, de evadir la noción del futuro.
Hice lo posible para procesar mis sentidos cómo si una película. En cámara lenta para que dure más, preparando todo para que la estética cuadre. Hasta puse en práctica al fin mis tácticas teatrales, para darle más dramatismo y ocupé roles distintos para experimentarlo todo. Y cuando la realidad rompía el hechizo y la tristeza asomaba, un trago por cada lágrima caída y a seguir bailando.
Retrataba en mi mente todo cómo una fotografía, en un intento fallido de congelar momentos que ya se me escapaban.
Y así me encuentro ahora, recordando esos tiempos como si el calendario se hubiese apurado. Mirándome a mí misma en retrospectiva y envidiándome un poco la capacidad que tuve de disfrutar. Pero ya no le tengo miedo al futuro. Ahora me animo a abrazarme con emoción a lo que me rodea; Un cuaderno, una ventana, una noche fría en el norte y un pasaje de avión con mi nombre para volver al calor de mi sur.  

Abismo

Todo en cuanto amamos
y ahora la nada
El humo de las flores
se disipó en el aire al ritmo de tu voz
explicándome que nunca fuimos
que ya no somos
y que nunca seremos más que esto
Un abismo
Mi mano, mientras tanto, dibujaba frenéticamente círculos en tu espalda
en un intento desesperado de construir un refugio en tu piel
para tener donde dormir segura por las noches
cuando tu lado de la cama siga tibio
y el mío sea una tumba helada
No sé qué voy a hacer con tanta sábana para desordenar
ni con las horas tristes de la madrugada tomando un whisky en la venta
Pero ya se quemaron todas las flores
no quedan ni rastros de humo
ni puedo ya escuchar tu voz dando explicaciones
Al fin y al cabo tenías razón
Entre nosotros, tan solo queda
un abismo.