viernes, 10 de julio de 2015



Y ahí estaba yo
sentada
al borde de lo inmenso
de cara al horizonte
hundiendo los pies en la tibieza de la arena
en el preciso momento en el que la última gota de luz
teñía el mar de un gris tan irrepetible
que quise tatuarlo en el recuerdo
y entonces pensé
que tal vez
al menos por un rato
podía declararme feliz

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