martes, 23 de junio de 2015

La caída inevitable

Aquel invierno cálido que pasamos acribillados de sentido, el tiempo se escurría como las sábanas entre los dedos de tus pies cada vez que los contrarías al ritmo de mi tacto. Y es que la joda empezaba ahí, en ese preciso momento en el que vos eras puro cuerpo y yo un mero abrigo.
Así aprendimos a ser juntos, en el exceso y sus rincones paradisíacos.
La palabra era inútil ya, inhabitable, pero insistíamos en decir las cosas, en nombrarlo todo, en no dejar espacios vacíos. Nos aturdíamos con un lenguaje ficticio, absurdo, con tal de poder ignorar nuestros propios silencios.
En definitiva, mejor echémosle la culpa del tiempo y a su maldita costumbre de apurarnos al caminar, entonces tropezábamos y la caída inevitable. Éramos empujados por la pura inercia de querer dejar de existir al menos un rato, de volver a ese lugar mágico llamado lo absoluto.
Vivíamos con la conciencia plena de sabernos fugaces para el otro, como orgullosos de nuestra propia muerte.
En esos tiempos te veía como a un felino hermoso y audaz; siempre arriba de la copa de los árboles más altos. Ahora entiendo que a pesar de todo nunca supiste como bajar.
Y si un día de estos la casualidad te lleva hasta mi esquina y en el encuentro se me olvida el idioma y en su lugar el instinto, sabrás perdonar si mi mirada se torna inciertamente obscena. Es que el pasado nunca se aleja sin dejar algunas deudas; con vos, con migo, con las causas por las que nos inmolamos en esa guerra.





Ilustración de Adara Sanchez

domingo, 7 de junio de 2015

Si las cosas fueran tan solo lo que son

En este cuaderno rojo 
las palabras se quedan atrapadas
yo intento liberarlas a través de la tinta
pero ellas se quedan ahí
mirándome
recordándome que son mías

Cuando escribo estoy creando algo
en donde antes había nada
y a pesar de todo son sentidos imposibles
como encriptados en símbolos ficticios 
torpes colaboradores en la tarea comunicar

Entonces ¿para qué perder el tiempo si no hay interlocutor posible?
escribir como quien da un paseo una tarde de domingo
es decir, la escritura inútil
escribir por el goce mismo de la tinta en el renglón

¿Acaso serán verdades inventadas
todas estas palabras
arbitrariamente estructuradas
en el espacio de éste tiempo?

A veces quisiera vaciarme de lenguaje
es decir, vivir en otra galaxia
en una comunidad de seres regidos por otras leyes
inmolados por otras causas

si tan solo pudiera despojarme de mi humanidad
si la muerte me otorgara 
un cuerpo vaciado de sentido
el goce puro

si nada pudiera ya dañar un ego ahora inexistente
y las cosas fueran tan solo lo que son
ya no tendría miedo a ser libre
y es que la paradoja se burla de mí al explicarme
que en esa búsqueda incesante de libertad
surge todo aquello que me hace humana