lunes, 22 de diciembre de 2014

Un poema

A noche al no poder llorar, tuve ganas de escribirte un poema, pero no supe cómo encerrar en palabras estrictas, lo inerte que fue mi corazón latiendo a un ritmo taquicárdico cunado fueron tus manos en mi cara reclamándome tuya.
¿Cómo dividir en estrofas cuerdas el acto insensato de intentar entenderme en tus ojos?
Ya no puedo rimar con los vacíos que me genera no saber quién soy yo para vos. Quien fui. Para poder explicarme a mí misma, que el pasado no siempre queda atrás. Que ésa es una mera construcción geográfica que inventamos en conjunto para entendernos con la menor cuota de dolor posible.
Quiero decir con esta filosofía barata, que sigo siendo la misma pendeja incauta a la que le abrías las piernas en otro presente, solo que ahora necesito morder tu cuello para recordar tu perfume.

El poema que quise escribirte iba a redactarlo así, con voz dulce, para pedirte perdón en caso de que mis ojos no puedan evitar posarse de forma obscena en tus manos y explicarte que quiero que vuelvas a aferrarlas a mi cara, sin censuras, para sentirte de nuevo reclamándome tuya.

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