Tuve una crisis de crecimiento y le grité a mis padres en un intento de pedirles de rodillas que asumieran el peso de mis vacíos. Les grité y me enojé con aún más al tomar conciencia de que ya nada podían hacer ellos por mi, por que crecer, a veces, muchas veces, es sentirse solo.
Crecer, a veces, muchas veces, es un precipicio sin puntos de apoyo que den seguridad.
Crecer, a veces, muchas veces, es un precipicio sin puntos de apoyo que den seguridad.
Crecer, a veces, muchas veces, es despedirse, decirle adiós a la realidad tal como solía ser.
Crecer, a veces, muchas veces, es sentirse impotente, tomar conciencia de que nadie excepto uno puede construir la
felicidad propia.
Es renunciar al pensamiento mágico de que las cosas llegarán
sin tener que salir a buscarlas.
Crecer, a veces, muchas veces, es hacer un duelo, es la renuncia cada vez mayor al hedonismo infantil.
Pero crecer, a veces, muchas veces, es también ser cada vez un poco más libre.
Es aprender a crear lo propio, aunque no sea de uno, poder construir sobre las bases que azarosamente nos fueron otorgadas.
Animarse a caminar caminos poco explorados, es tomar a la soledad como un punto de encuentro con uno mismo, afrontarse al vértigo del precipicio, aprender a despedirse para dejar entrar lo nuevo, no gozar de un duelo infinito, ser arquitecto y obrero de la felicidad propia, dejar de esperar para salir a buscar.
Crecer, a veces, muchas veces, es adentrarse en ese camino nuevo, sin miedo a perderse, porque perderse, a veces, muchas veces, es el síntoma más irrefutable, de que se está creciendo.
Es aprender a crear lo propio, aunque no sea de uno, poder construir sobre las bases que azarosamente nos fueron otorgadas.
Animarse a caminar caminos poco explorados, es tomar a la soledad como un punto de encuentro con uno mismo, afrontarse al vértigo del precipicio, aprender a despedirse para dejar entrar lo nuevo, no gozar de un duelo infinito, ser arquitecto y obrero de la felicidad propia, dejar de esperar para salir a buscar.
Crecer, a veces, muchas veces, es adentrarse en ese camino nuevo, sin miedo a perderse, porque perderse, a veces, muchas veces, es el síntoma más irrefutable, de que se está creciendo.
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